EL VISITANTE, JON VENDON

El visitante es la primera novela de Jon Vendon, un autor independiente que se animó a publicar en Amazon, como hacen los valientes, y ahora lucha por visibilizar su obra, que los lectores la disfruten y ojalá que la compren también. Jon ha realizado un esfuerzo notable en este sentido, convirtiéndose en autor, promotor, relacionador público, vendedor y manager, todo en una pieza.

Y El visitante se presenta como una novela de aventuras, situada en un territorio de muchas complejidades, como lo es la frontera palestino-israelí. Iniciamos nuestro viaje con un terrorista que realizará un atentado suicida contra una atestada sinagoga… pero alguien lo detiene. Se trata de un hombre desarmado, pacífico, que le habla al terrorista, le da paz y consigue que sea detenido pacíficamente.

Mientras la novela avanza, se acumulan los misterios sobre este hombre pacífico, el cual no porta identificación, ni dice su nombre (prefiere que le llamen “El visitante”), ni puede ser reconocido por ninguna de las pruebas científicas que se le aplican. Pero reza y escribe en una lengua muerta, genera apoyo multitudinario en todos los países, y hace tambalear la posición política internacional de Israel, donde permanece detenido. Incluso, llegado el momento llamará la atención incluso de uno de los hombres más poderosos de la Tierra.

La novela resulta entretenida, sin duda, pero la verdad verdad es que, una vez terminada, la pregunta que me queda dando vueltas es ¿de qué trata la obra? Se presenta como una novela de aventuras trepidante… pero más que aventuras, parece tratar de la realización de antiguas profecías bíblicas, y cómo éstas le cambian la vida a las personas con las que se cruzan. El visitante, más que acción y persecuciones dramáticas, termina proponiendo una fábula moral que se desarrolla en medio de agencias secretas de varios países. Nos habla de perdón, de tolerancia y de volver a empezar, nos habla de construir un mundo mejor.

Y eso no tiene nada de malo, por supuesto: novelas magníficas como el Cristo de nuevo crucificado, de Nikos Kazantzakis, tratan un asunto similar. Sin embargo, me temo que en este caso existe una discordancia entre la historia que el autor desea contar y los medios que utiliza para ello. El visitante posee una estructura sencilla, personajes atractivos sin ser planos y abundancia de diálogos. Las descripciones son funcionales y poco ambiciosas, y no se ahonda en la vida interior de los personajes, todo lo cual está perfecto… para una novela de aventuras. Sin embargo, cuando intenta hablarnos de la presencia divina en el mundo estas herramientas se revelan insuficientes: no hay reflexión moral, ni profundizamos en lo que ocurre a personas como Daniel y Sofia, el coronel Levy o Ismaíl, el bombardero. Los seis seguidores del visitante apenas si son mencionados, y si acaso el papa Pedro recibe mayor atención.

De este modo, El visitante es una novela que navega entre dos aguas, sin terminar de definir su intención: para novela de aventuras que te deje pegado a sus páginas se queda corta, le falta acción y le sobra reflexión espiritual. Y para novela espiritual y profunda le falta literatura “seria”, hondura psicológica, análisis y belleza narrativa.

Por otra parte, el autor se enfrenta a un serio problema: por exigencias de la trama se ve obligado a presentarnos a un personaje de características superiores, y más inteligente que nosotros… y nadie puede imaginar, ya no digamos describir en una novela, a alguien más inteligente que uno. Esta es la razón por la que Dios rara vez es un personaje literario, porque es una empresa de mucha complejidad, y en El visitante nos aparece una figura divina infinitamente bondadosa y compasiva, sin rasgos que la humanicen y nos permitan reconocerlo como uno de los nuestros: los propios Evangelios nos muestran a un Jesús indignado, expulsando a latigazos a los mercaderes del templo, o asustado pidiendo al Padre que, si es posible, aparte de él el cáliz de la amargura.

Sobre el desarrollo, dos palabras: si bien es una novela que se deja leer con comodidad, y se nota el oficio de narrador, me temo que algunos giros están demasiado anunciados. No solamente la obvia identidad del visitante, que se ve venir en el primer capítulo, y me parece que es planteado así intencionalmente, sino algunos sucesos que ocurrirán hacia el final de la novela, y que están excesivamente anunciados en el desarrollo de ésta.

Por contrapartida, el papa Pedro me pareció muy simpático y logrado: el humorismo a veces infantil del personaje le viene muy bien, así como su sencillez campechana y su falta de gravedad. Y si bien se nota muchísimo que es un personaje que está en deuda con Jorge Bergoglio, la verdad no se siente un pastiche ni resulta desagradable el parecido.

De todos modos, El visitante es un esfuerzo muy serio, una novela que intenta hablarnos de un asunto universal de manera muy respetuosa, centrándose en una historia humana, que evita las polémicas artificiales al presentarnos un mensaje que está más allá de las ideologías. Una lectura entretenida y por la cual el autor merece todo nuestro respeto, más allá de que podamos hacer observaciones sobre su novela.

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