SOLEDADES:LA ISLA DE PROMETEO, ELVIRA ABALLÍ MORELL

Elvira Aballí es una mujer valiente, que se animó a escribir un libro de cuentos y poemas, y a publicarlo por sus propios medios. Y en Amazon, esa leonera donde conviven estupendas obras menospreciadas por los editores junto a desastres que jamás debieron haber visto la luz. Allí donde cada autor está solo, escribiendo, editando, compaginando, promoviendo, distribuyendo y haciendo su propia contabilidad. La más solitaria de las aventuras en que un escritor puede embarcarse: de espaldas a la crítica, a la publicidad costosa, a los premios, a los profesionales de la elaboración y venta de libros. En soledad, con su alma y su capacidad de trabajo.

Y además, es lo bastante valiente como para enviarme su libro, y pedirme que lo reseñe, confianza que agradezco infinitamente, y la cual –creo- no hay mejor manera de honrar que tratar a la autora y su libro en serio: con la amabilidad que merece la gente amable, pero con la honestidad que merece una escritora seria, así como las personas que tengan a bien leer esto.

Ahora, a este libro llegué con una idea errada: al ver la portada, y al leer el prólogo, en el que Ulises Padrón no le teme a hablarnos de la vagina de la autora, y de lo vaginal y sensual que es este volumen, yo entré en él esperando sumergirme en una colección de cuentos lúbricos, de alto voltaje erótico. Cuentos para viajar, de la mano de una guía experta, por los deliciosos caminos de la sensualidad tropical. Sin embargo, la verdad me hallé con una serie de relatos no tan carnales como esperaba, a pesar del evidente interés (y regocijo) de la autora al hablarnos de la cama y sus alrededores. Más bien me encontré una desencantada reflexión acerca de la identidad de Cuba. Una reflexión muy cruzada por lo erótico, sí, como si el sexo fuese la gran metáfora para entender la vida de los cubanos y cubanas. Un libro que mira a Cuba con los ojos vidriosos, por la compasión, y turbios por el deseo.

Me encontré con historias de parejas, muchas historias de parejas, todas muy sexuales, pero muy poco amor. De hecho, poco placer: muchas historias destinadas a terminar mal, parejas truncas, polvos fantásticos pero que te dejan un mal sabor una vez pasados. Romances antiguos que luego no llegan a buen puerto. Una isla hermosa, caliente y placentera, pero llena de ilusiones que no se han cumplido. Y también, llegado el caso, una isla prostituida, en la que los dólares pueden comprar el orgullo.

A la autora Cuba le duele, y no tanto por consideraciones políticas como por la tristeza de sus habitantes, que sueñan con emigrar de un país hermoso, que maquinan y llevan a cabo planes locos para escapar de un paraíso. Hay una visión desesperanzada y triste, que sólo puede ser sofocada con gemidos amargos y sexo muchas veces vacío o frustrante.

En lo que corresponde a la calidad de los textos, la verdad es que éstos son muy desiguales, y me parece que en este punto se nota la falta de una edición profesional. Por un lado, hay diversidad de voces, como si la autora se hubiese querido probar diferentes trajes sin terminar de decidirse por uno, desde el poema lírico hasta el relato en una prosa muy poética e incluso hasta la pura y simple narración. A veces intenta mostrarnos un símbolo, como en “El sueño”, y acudir al mundo onírico para rescatar a una mujer de una relación horrible y una vida sin futuro, y a veces intenta contarnos una historia de intriga policial, como en “La historia de Pedro”, el cuento de Rowan y su hijito perdido. Quizá sea una idea interesante separar el material y publicarlo en volúmenes diferentes, o separarlos por capítulos, porque si bien aparece Cuba como un elemento unificador –todos los cuentos empiezan y acaban con la mirada en la Isla-, no parece tan clara la unidad estilística.

Para mi gusto, y esto es ya un asunto personal, los cuentos más narrativos tienden a funcionar mejor. Por un lado, puedo conectar con ellos y lo que quieren decir, cuestión que está más relacionada con mis propias deficiencias como lector que con el texto mismo, y por otro lado porque la autora tiende a ser inexacta cuando quiere ganar altura poética. Elvira cede a la tentación de escribir frases que suenan bien pero que no significan nada, o significan cosas diferentes de las que quiere decir. En cambio, cuando modula esta tendencia a poetizar las cosas, y opta por una narración en la que los elementos poéticos tienen un espacio en el cuento sin  devorárselo, la prosa de la autora gana muchos enteros.

De todos modos, este volumen es una experiencia en sí mismo. Nos sumergimos en un universo esencialmente femenino, que un escritor varón jamás habría podido crear. Es un viaje intenso, que nos pasea por los sueños, placeres, evocaciones y rencores de una autora de corazón ardiente. Desde un punto de vista literario, yo habría podado unos cuantos cuentos, y repensado muchas cosas en lo que refiere a la escritura y a la estructuración del volumen. Pero los autores independientes sacan la voz sin pedir permiso, y a veces hay que aceptarlos como ellos son.

Por último, dos palabras sobre las ilustraciones: la propia Elvira y Mike Quiñones ilustraron cada texto. Cada cuento y poema incluyen un dibujito, y la verdad es que la mayoría de ellos son pequeños aciertos: se nota en ellos el amor que les dedicaron los ilustradores, y la voluntad de ampliar la comprensión del cuento o del poema. Yo no soy amigo de los libros ilustrados, pero aquí se complementan con el texto, en vez de ser una intromisión.

Si quieren apoyar a una autora independiente, y comprar su interesante libro, se lo puede encontrar aquí.

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